
texto por Mauricio Jürgensen*, reproducido de La Tercera, de Chile.
Quizás no necesitaban delineador de ojos, ni cortarse el pelo, ni crucificarse en videos de vírgenes llorando y hombres con aspecto de reptiles. A mediados de los 90, en los peores discos de su catálogo (Load, de 1996, y ReLoad, de 1997), Metallica se decidió a cruzar el charco de la manera más temeraria: renunciando parcialmente a su credo metalero e hipotecando de paso la fidelidad de unos fanáticos que son insobornables, pero que no te perdonan una. Menos si se te ocurre “venderte” o volverte un “posero” o cualquiera de esas lamentables teorías con que históricamente se ha evaluado la integridad de una banda rockera.
Metallica corrió el riesgo porque intuía que podía ser aún más grande de lo que ya era, pero zafó apenas. Con el giro estético se ganó la indignación de los primeros fans, pero también pudo llegar a la misma gente que antes se hubiera tapado los oídos de puro escuchar su nombre. Pasó que Metallica logró lo imposible: desembarazarse de su nicho histórico para convertirse en un “clásico”, en un grupo transversal, en la más popular banda metalera de la historia. En los primeros en convertir “pop” el metal más rudo.
Con esas credenciales, inéditas para un grupo de sus características (no hay que olvidar que lo suyo partió anclado en un género lleno de dogmas como es el thrash metal), el cuarteto cumplió anoche de manera impecable con su tercer recital en suelo chileno. Fueron más de 50 mil personas y sólo ese dato ayuda a cuadrar las cuentas: con este show la banda superó ampliamente las convocatorias anteriores -15 mil personas para el concierto de 1993 y 20 mil para el de 1999- y confirmó que esta música que nació en los bordes y que se escuchaba a escondidas en los dormitorios de miles de aspirantes a rockeros, que este género marginal y casi subversivo en los 80, que esta música estridente de casetes e imaginería salvaje, ahora ya es un asunto global.
Con un sonido avasallador y un repertorio que fue de The four horsemen (1983) a That was your life (2008) -es decir, del pasado al presente-, Metallica mostró ayer que su música hoy es tan aceptada como el más inofensivo último invento de la industria. Con el convencimiento único de que puedes tener el repertorio más intimidante del mercado, pero que igual lo va a querer escuchar todo el mundo.
*Periodista egresado de la Universidad de Playa Ancha. Ha trabajado en periódicos, revistas, radios y sitios de Internet siempre abordando temas de música. Actualmente se desempeña como reportero y crítico de música en la sección de Espectáculos del diario La Tercera
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Enero 27th, 2010 a las 5:29 am
Felicidades al señor Mauricio, un muy buen artículo, no “batea” para nada, el sujeto si sabe de que está hablando…
Febrero 7th, 2010 a las 17:27 pm
Para mi una excelente banda de trash metal, excluyendo los discos q no son de este genero, ahora regresaron dando espacio a muchas criticas, sinceramente esta es la mejor q he leido, te felicito.
Agosto 4th, 2010 a las 21:58 pm
Estoy totalmente de acuerdo con este articulo ,excepto con lo de “los peores discos de su catálogo (Load, de 1996, y ReLoad, de 1997)”, es cosa de gustos.para mi el load es mi disco favorito ,quizas por que no soy metalero ,pero es verdad metallica traiciono a sus fans mas metaleros para convertirse en lo que es hoy ,una de las mejores y mas populares bandas de rock.
me quedo con una entrevista de james por 1996 mas o menos:
“no se porque tanto nos critican ,si tan solo somos 4 tipos tratando de hacer nuestra musica ” y vaya que musica.